11 marzo 2014

Ana María Machado - Los Libros

–¿Cuál sería el desafío para un maestro, un padre, una madre, en relación con la lectura de los chicos?
–Despertar la curiosidad. Yo quise leer cuando era niña porque mi mamá y mi papá leían. A veces me acercaba a ellos y me decían: espera un poquito, ya termino, no puedo atenderte ahora. ¿Qué es eso que tienen ellos, que es más importante que yo? ¡Lo quiero para mí! El hecho de que los adultos lean y hablen de libros, se interesen por libros, va a hacer que los niños lean, les va a dar el ejemplo y despertar la curiosidad. Eso quizá sea posible un día. Pero existe otro desafío todavía más difícil y lograrlo sí que sería un cambio radical.
–¿Cuál es ese cambio tan difícil?
–Que los formuladores de políticas de lectura lean. Porque si ellos creen que es muy importante leer, pero no es importante elegir el libro, guiarnos por el placer que nos provocan, poder tirar el que no nos gusta, todo eso que también hace a la lectura. Si miran con desconfianza los libros, entonces jamás van a dejar un tiempo para que se lea en la escuela, sin cobrar después por eso: hacer pruebas, notas, marcas. Hora de leer y nada más. Leer en voz alta, contar lo que leímos, leer por leer, no para hacer después una tarea. Quien lee sabe lo lindo que es hablar de libros, ¿no? Escuchar a alguien que lee un poema, leer para quien amamos, repetir en voz alta la frase que nos gustó. Todo eso, que es tan natural para quien lee, quien no lee no entiende, y cree que ese tiempo en la escuela es perdido.

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