26 septiembre 2013

Por un juego sin adjetivos

Desde tiempos inmemoriales y en todos los pueblos, el juego realmente libre es la ocupación predominante de los primeros años de vida con un objetivo preciso: el logro de las capacidades de los adultos. Este juego original - poderoso instinto para el crecimiento y la creatividad que en cada niño o niña viene del interior como un don fundamental del nacimiento- evoluciona, si no hay interferencia, de una manera muy personal. Incluso otros mamíferos juegan - basta con ver una camada de gatos o perros - y si no pueden hacerlo, se convierten en adultos intratables y agresivos. Lo mismo se aplica a los seres humanos. Si no se puede jugar de forma totalmente gratuita desde pequeños, es muy probable que se conviertan en adultos irritables inciertos, mortificados.
La palabra "juego" no necesita adjetivos. Desde hace algún tiempo, sin embargo, para definir el juego espontáneo de un niño, hay que decir "juego libre". Esto quiere decir, y no debemos cansarnos de repetirlo, que el juego se ha convertido en muchas otras cosas: el juego de la competencia, de los deportes, de la educación transformada en memorización, con concursos y diversos trucos para mercantilizar el más estéril de los aprendizajes - preguntas y respuestas al estilo de TV - y así cada vez está más degradado el juego como la expresión más especial y completamente independiente del placer y del descubrimiento infantil.

Grazia Honegger Fresco

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